“EL SILENCIO TAMBIÉN EDUCA”

El silencio es reparador.

A veces las palabras ensordecen y, es mejor que guarde silencio, pero a tu lado.

A veces las palabras, no me dejan escucharte, por eso me callo y sigo a tu lado.

A veces las palabras, no liberan todo lo que quieres gritar, por eso te dejo llorar.

Te miro, y siento que debo guardar silencio y no pronunciar ninguna palabra, por muy precisa que sea, ni darte el consejo perfecto.

El silencio que educa, ocupa un espacio. Un espacio repleto de compañía, de apoyo, de gratitud, de incondicionalidad, de estar, de calma, de no sé qué pasará, pero ahora estoy aquí, a tu lado.

El silencio que educa, abraza, arropa, acoge. Ata fuerte toda la rabia, la desdicha, la impotencia, el dolor, el miedo… que puedes sentir en ese momento.

El silencio que educa es valiente, porque es capaz de mirarte a los ojos y sobrevivir a la incertidumbre de mis soluciones estériles.

Por eso, cuando solo utilizo las palabras para preguntarte si quieres que me vaya, me contestas con el eco de mi silencio.

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La intervención educativa con adolescentes está llena de momentos y situaciones en las que las palabras que podamos pronunciar cualquier educador y educadora carecen de total sentido y significado. El espacio que ocupa nuestro silencio y acompañamiento, lo dicen todo.

 

Dedico esta entrada a Alfonso quien la inspiró sin saberlo. También a todos los chavales y chavalas con los que he compartido y seguiré compartiendo, espacios de silencio.

La Educación Social: un guiño desde lo pequeño y cotidiano.

Perdonadme compañeros y compañeras educadores y educadoras sociales si esta entrada os resulta muy reduccionista. Últimamente me encuentro algo cansada, no por mis ya 21 años en esto de la Educación Social, ni mucho menos, sino porque ya no encuentro tan útil filosofar sobre lo humano y lo divino de nuestra profesión (por favor, que no se me entienda mal, no digo que no sea necesario, sino que para mí no es el momento). Siento que nos miramos en exceso al ombligo y que en parte olvidamos a los que no son los actores secundarios precisamente, sino los verdaderos protagonistas; las personas que acompañamos día a día. Acompañar, es una palabra que me encanta y de la que se habló en el Congreso de Sevilla. Por eso, he decidido no hace mucho y seguramente que de forma temporal, es algo que no puedo precisar en estos momentos… Filosofar menos y actuar más. Supongo que esta decisión es una más, que vamos tomando a lo largo de nuestro devenir y evolución profesional-personal. Pero puedo aseguraros que el único refugio que encuentro cómodo y válido para dar sentido a mi práctica profesional, reside en lo pequeño de mi trabajo, en lo cotidiano, en la relación que establezco con los chavales y chavalas que como os decía acompaño en el cumplimiento de sus medidas judiciales. Dedico todos mis esfuerzos a crear un vínculo lo suficientemente fuerte y respetuoso para serles creíble y generarles oportunidades. Todo mi empeño se centra en hacerles ver que todas las personas nos merecemos que se nos trate con dignidad en todos los niveles, personal, económico y comunitario.

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Gracias un año más al colegio catalán por contar conmigo para el Carnaval de blogs de este año.

Enlace

“La Educación Social en la esfera pública. El reconocimiento social de la profesión”

Entre esta situación,

“-Perdone, ¿es la cuidadora del muchacho?”

-No, soy su educadora social.

Y esta otra…

-¿Cuál es su profesión?

– Educadora Social

-¡Qué bonito, mi hermano también es educador social!

… No hay tanto espacio de tiempo. Tan solo unos meses de diferencia y, las dos me han sucedido este año, pero las dos situaciones ejemplifican muy bien la finalidad última de esta entrada; la Educación Social actualmente no parte de cero. Existe bastante camino trazado, pero todavía nos queda por avanzar.

     La primera, tuvo lugar en mi horario de trabajo, acompañando a un menor al servicio de urgencias de un hospital. Una vez allí, la recepcionista se mostró educada, pero con un total desconocimiento de nuestra profesión. Sin embargo, cuando facilité mis datos personales en una entidad bancaria -situación segunda-, me sorprendió agradablemente la respuesta y la expresión de la persona que me atendió.

     En el momento que me siento a escribir esta entrada, dejo caer la mirada por la ventana y me hago por un momento consciente que el año que viene habrán pasado 20 años… ¡¡Bufff, casi nada!!. Fue en 1996, cuando finalicé mis estudios de diplomatura en Educación Social. Afortunadamente, siempre he podido trabajar dentro de algunos de los diferentes ámbitos de la Educación Social. Paralelamente a mi desarrollo profesional he ido observando cómo el reconocimiento de nuestra profesión ha ido cobrando más relevancia. No hay que engañarse, este proceso ha sido lento y costoso, realmente debería hablar en presente, porque todavía siento que es un proceso en construcción. Quizá serán necesarios 20 años más, para pensar que el proceso acabará algún día, no lo sé. Solo puedo deciros, que hay muchos indicadores, muchas señales que cada vez permiten a la Educación Social estar más viva.

     Hoy en día, las universidades nos abren las puertas a los profesionales, para que ilustremos con nuestra humilde y joven experiencia (recordad, solo 20 años), algunas clases, incluso ya existen profesores universitarios que son Educadores Sociales. Los profesionales de la Educación Social, podemos firmar las prácticas como tutores del primerizo alumnado de Grado. Todas las comunidades autónomas tienen su propio colegio profesional de Educadores Sociales –excepto Ceuta y Melilla y, Cantabria en breve-. Contamos con Educadores Sociales que escriben blogs, libros, artículos… etc. sobre nuestra profesión, cómo la viven, cómo la sienten, con una sensibilidad, cariño y respeto exquisito hacia nuestra praxis. Ya existen científicos de la Educación Social que publican artículos rigurosos y son también Educadores Sociales. Las redes sociales están inundadas de muchos de nosotros, que poco a poco vamos tejiendo un mapa de conexiones, de fuerzas, de ilusión cada vez más tupido. De lucha y reivindicación también, de acuerdo, ¡por supuesto!.

     Como os decía antes, nos encontramos en un proceso en construcción. En la comunidad en la que vivo Castilla y León, las administraciones públicas no dan visibilidad a la Educación Social ni a los Educadores Sociales. Ya ni os cuento los medios de comunicación… para leer publicada una noticia sobre nosotros o nuestra profesión hay que buscar debajo de las piedras. Las hemerotecas están vacías de Educación Social. Esto me indigna, me harta, me llena de rabia, de impotencia…

     Pero hoy, precisamente hoy, 2 de octubre, Día Internacional de la Educación Social, cuando estoy en plena celebración con mis colegas de nuestro #diaES y #EdusoDay2015, me siento fuerte y animada, con ganas de seguir el camino. Y hoy mejor que nunca para reivindicar que nuestra profesión no es de paso, que no se puede ocupar por otros profesionales “hasta que encuentren de lo suyo”. ¡¡Somos EDUCADORES SOCIALES y no nos vamos a cansar de repetirlo, en voz alta, a gritos, de forma clara!!

Quiero agradecer al Colegio de educadores y educadoras sociales de Cataluña, su invitación para participar un años más en este Carnaval de Blogs, que este año quiere celebrar el Día Internacional de la Educación Social, #diaES #EdusoDay2015, bajo el tema, “La Educación Social en la esfera pública. El reconocimiento social de la profesión”.

Puedes encontrar la recopilación de todos los blogs participantes en este enlace: 

 http://ceesc.blogspot.com.es/2015/10/carnaval-de-blogs-2015.HTML

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Infancias…

Me prometiste tantas veces que volverías pronto, que fui capaz de inventarte y criarme con ese dibujo pintado por mí misma. Te pinté alegre y sonriente, feliz y juguetón y lleno de abrazos y besos con los que me despertabas cada mañana y sujetabas un cuento por las noches.

Recogía todos tus besos y caricias como una parte más de mi mismo. Conseguí entonces esbozar los límites de mi cuerpo dentro de un mundo que me resultó entendible, porque tú me ayudaste a sentir que tenía un sitio.

Odié con rencor todo lo que parecía feliz, nada de eso estaba hecho para mí, me lo enseñasteis, gracias a vuestros gritos y golpes que laceraban mi piel. La piel tiene memoria y graba de forma profunda las heridas que no acaban de cicatrizar nunca.

Me hice mayor esperando que algún día llegaría a conocerte. Envidiaba a mis amigos porque conocían a su padre y jugaban con él. En cambio yo, me obsesionaba poniéndote caras, gestos y sonidos. -¿me pareceré a ti?- pensaba. Y todas mis dudas se llenaban de secretos que nadie me ayudaba a descifrar. Me sentía culpable de algo que no lograba comprender, que no cabía en mi mente de chiquillo, ni tampoco ahora en la de adulto.

Me enseñaste que mi madre no era la mejor, a pesar de que sentía que me quería con locura, pero me utilizaste en tu beneficio. En vez de quererme como hacía ella, te dedicaste a malmeterme, a confundirme a hacerme pensar que nosotros éramos más especiales que ella y yo. Te equivocaste terriblemente, no sabes hasta qué punto, pero ahora siento que es tarde.

                Sobreviví a la edad adulta negando mis emociones por vergüenza propia. Sintiendo que era culpable de todo. LLorando por nada a escondidas.

A veces nuestro trabajo como educadores sociales que acompañan a adolescentes en conflicto con la justicia, nos permite comprender sus vidas y entender lo valiosa que puede llegar a ser una infancia sana. Con estas estrofas, he querido reflejar cómo la etapa infantil marcará para bien o mal, más o menos, la vida de adulto.

“EL EDUCADOR SOCIAL, ¿NACE O SE HACE?”

INGREDIENTES:

  • Una pizca de paciencia.
  • 1⁄2 kg. de humildad y respeto.
  • 750 gr. de espíritu crítico.
  • 1 kg. de habilidades interpersonales; escucha activa, capacidad empática, comunicación asertiva, reconocimiento y respeto a la diversidad. Siempre puedes añadir cualquier otra que te permita relacionarte positivamente con otras personas.
  • Unas pequeñas dosis de realidad.

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PROCEDIMIENTO:

Debes mezclar todos los ingredientes poco a poco, sin prisa, de uno en uno y sofreír a fuego lento. Es importante que añadas en la medida que necesites todos tus conocimientos aprendidos en la universidad, así como otros que hayas podido leer en tu bibliografía particular. Todos estos saberes te permitirán junto a los ingredientes sentirte más seguro o segura. Para finalizar, no olvides añadir a la mezcla una cucharada de compromiso ético, lo suficiente para asumir el código deontológico.

IMPORTANTE:

Recuerda que un o una educadora social, es un profesional puntual en la vida de las personas, solo somos un plato, un postre o un aperitivo. Solo acompañamos en algún momento de la vida de las personas, para luego desaparecer.

¡¡Buen provecho!!

Ningún conocimiento teórico por muy magistral que sea, te garantiza ser un buen profesional, sea cual sea tu campo de trabajo. “De la teoría no ejerce solo el hombre”, podría decirse. Por otro lado, llega un momento que tu gran bagaje de experiencia profesional no es suficiente y, necesitas poner nombre a aquello que llevas haciendo durante años.

¿Un educador o educadora social, nace o se hace?

En una primera reflexión, contestar a esta pregunta resulta fácil y obvio. Un educador social trabaja desde, con y para las personas. Desde esta perspectiva, que sea una profesión vocacional da mucho caché. Pero si se analiza con mayor profundidad, llegas a la conclusión, de que precisamente por eso, porque se trabaja con personas, no podemos improvisar, no podemos actuar solo como buenas personas a las que nos gusta ayudar, porque muchas veces ayudamos mal, pensando que somos los arregladores de la vida de la gente. Se necesita algo más que buenas habilidades comunicativas y capacidad empática. Se necesita controlar técnicas de intervención, diseñar procesos, saber retroceder en un procedimiento para valorar los errores y comenzar de nuevo. Porque un educador o educadora social no es un héroe o una heroína, es un profesional. Desde luego, que el que ya posea unas habilidades en su personalidad tiene mucho ganado, pero no lo es todo.

Si os digo la verdad, yo me he sentido educadora social, después de unos cuantos años, cuando toda la teoría recibida o leída la pude poner en práctica y cuando todas mis habilidades se iban perfilando gracias a mi experiencia.

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REFLEXIÓN DESDE LA TRANQUILIDAD

La tranquilidad da perspectiva.

Permite caminar y contar los árboles.

Desde esta actitud privilegiada, las cosas, las personas, la vida, van cobrando su sentido y el espacio que las corresponde, tiñéndose de color para dejar los blancos y negros.
A veces, la tranquilidad viene con la madurez, después de una experiencia con impacto o se busca por necesidad…
Cuando intervienes educativamente con adolescentes en conflicto con la justicia, el concepto y actitud de tranquilidad es difícil de trabajar, pero necesario. Ellos la entienden como una pérdida de tiempo. Piensan que encontrarse en un centro donde tienen que rendir cuentas con la medida judicial por la que ingresaron, supone perder parte de su vida, sin darse cuenta que antes de entrar, ya la habían perdido -al menos en parte-.
Desde mi experiencia, este es uno de los puntos de arranque de su intervención educativa, comprender el concepto y actitud de la tranquilidad con el objetivo de dar sentido a ese tiempo y tomarlo como una OPORTUNIDAD DE CAMBIO. No es tarea fácil, nada fácil que lleguen a esta conclusión y, cuando lo hacen, les resulta igual de difícil seguir caminando,  y contar los árboles y caminar y contar a la vez.
Son chavales que han vivido a través de impulsos, sin obedecer a ningún ritmo de tiempo y a veces, sin espacios. Sin caminar, solo correr a un ritmo vertiginoso, ¡qué más da dónde vayan, con quién acompañados! el caso es salir corriendo y cuanto más rápido mejor. La vista no la enfocan ni hacia delante ni hacia atrás, más bien no ven.
Por eso, cuando una se dedica a acompañar a chavales y chavalas de son vertiginoso, intenta desde el principio, caminar desde la tranquilidad, para que empiecen a contar los árboles según van echando cada uno de sus pasos y siempre respetando su ritmo.
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No dejaría nunca de ser educadora social porque…

… puedo ayudar a comprender el papel que el afecto juega en nuestra vida
… acompaño a jóvenes en situaciones difíciles
… me voy cuando una comunidad sabe autogestionarse por sí misma
… vuelvo cuando tienes una recaída
… trabajé contigo tu historia de vida
… compartiremos juegos después de las clases
… me gusta decirte que busques tus propias respuestas
… quiero decirte que debes proteger y cuidar a tu hermano sin usar la violencia
… no juzgo tu vida, pero sobre todo,
… me gusta trabajar con las personas, porque siempre aprendo algo de cada una de ellas.

Esta es mi pequeña colaboración a la iniciativa del CEESC – Colegio de Educadores y Educadoras Sociales de Cataluña- con la que se pretende celebrar hoy 2 de octubre, el DÍA INTERNACIONAL de la EDUCACIÓN SOCIAL.

No se me ocurre mejor día para retomar este proyecto, mi blog. Espero que os guste.

¡Feliz DÍA de la EDUCACIÓN SOCIAL #edusoday #SetmanaES!