Entrevista a Carmen Carrión Ordás, educadora social en el Colectivo para el Desarrollo Rural de Tierra de Campos

El diario El Norte de Castilla, publica en su edición del sábado 13 de mayo de 2023, una entrevista realizada a Carmen Carrión Ordás, educadora social en el Colectivo para el Desarrollo Rural de Tierra de Campos, realizada por J. I. Foces, que reproducimos, transcrita de su edición impresa que adjuntamos.

13/05/2023 · CASTILLA Y LEÓN , PORTADA


«Algo hacemos mal como adultos que no somos la mejor referencia para los jóvenes»

Carmen Carrión Ordás Educadora social en el Colectivo para el Desarrollo Rural de Tierra de Campos

«Siempre hay quien se tira por el camino fácil, pero no es justo decir que la juventud no sabe dónde va»,

(Carmen Carrión Ordás, educadora social. G. LÓPEZ. Diario El Norte de Castilla)


TUDELA DE DUERO. He aquí una mujer que ha volcado su vida en hacer de la educación el combustible que impulsa a la sociedad. Carmen Carrión Ordás. A sus 47 años ejerce su profesión en el Colectivo para el Desarrollo Rural de Tierra de Campos, después de haber pasado bastante tiempo trabajando con menores protagonistas de situaciones conflictivas. Fue presidenta del Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Castilla y León, una profesión cuya aplicación considera un derecho de los ciudadanos. Con una más que llamativa capacidad de convencimiento, se declara a gusto trabajando en los pueblos porque, dice, las personas que residen en ellos transmiten valores esenciales, entre ellos la autenticidad en las relaciones entre los seres humanos.

 –¿Qué hace habitualmente una educadora social?

–Es una profesión de carácter pedagógico. Trabajamos con las personas, las acompañamos. Sí que es cierto que pareciera que siempre trabajamos con gente desfavorecida o que tiene, tal vez, una problemática concreta, y no tiene por qué ser así. Podemos acompañar a personas en temas de desarrollo comunitario, en la realización de talleres o en unas actividades de tiempo libre…

 –¿Su caso ilustra lo que dice: de trabajar con chavales conflictivos ha pasado a ser animadora sociocultural?

–Exacto. Esta es una profesión que tiene dos ejes: es un derecho de la ciudadanía y es una profesión de carácter pedagógico.

–¿Un derecho ciudadano?

–La ciudadanía tiene derecho a que se la atienda, a que tenga unos servicios. Nosotros generamos contextos educativos y acciones mediadoras y formativas. Acompañamos a la gente en esos procesos, en ese tiempo de actividades y de intervenciones.

–Le he leído que estima que ha tenido usted la suerte de «dibujar una trayectoria enmarcada en la educación social». ¿Suerte?

–Precisamente por la versatilidad de esta profesión. Podemos trabajar en un centro penitenciario, en el medio rural, en la Enseñanza reglada en un equipo educativo, con personas con problemas de drogodependencias, con mujeres, con niños, con personas sin hogar, con hombres,… Son múltiples ámbitos de acción.

–¿De dónde le vino la vocación por la Educación Social?

–Siempre me ha gustado mucho el trato con las personas y me parece que el trabajo con ellas aporta mucho.

 –¿A quién?

–¡A ambas! La teoría siempre dice como que hay que marcar una distancia y yo creo que esa intervención no tiene por qué ser así. Por ejemplo, un padre no puede nunca asemejar su papel al del hijo porque cada uno está en un plano diferente, pero tú como profesional puedes intervenir pensando que esa persona es como tú y esos márgenes son en los que yo me siento muy cómoda. Y sobre todo, en los pueblos.

–¿En los pueblos, por qué?

–Porque hay mucha sabiduría en ellos, que se ha ignorado y minusvalorado.

–Del trato con chavales menores infractores y en situaciones conflictivas, ¿qué le quedó en su acervo?

–Muchísimas cosas. Fue un trabajo clave. Cada trabajo que he desempeñado me ha ayudado a entender el siguiente y a comprender mejor el anterior. Todo está ligado porque el fondo de las personas es siempre el mismo y las necesidades, las mismas. Las situaciones de esos chavales son conflictivas. Trabajábamos también con las familias y sus historias de vida rozan con la tuya porque los profesionales no somos asépticos: estamos continuamente rozando nuestras propias experiencias con las de las otras personas. Fue un trabajo muy potente, en ese sentido. Me aportó mucho y yo aporté todo lo que pude. Tanto, que me desgasté profesionalmente.

–¿En qué se concretó ese desgaste?

–Llegó un momento en el que una vez que entendí cómo era todo aquello no sabía si podía aportar más porque no podía ya dar más de mí.

–¿Es la de la de los menores y jóvenes en situación de riesgo una realidad más frecuente de lo que creemos?

–Yo creo que sí.

 –¿Qué nos impide verla?

–Son temas muy personales. Por ejemplo, que haya un conflicto entre un padre y un hijo, entre una hija y una madre, es algo que nos avergüenza. A ver… Si yo tengo un conflicto como madre con mis hijos, claro, yo soy la adulta y a mí me cuesta reconocer que tengo un problema porque el foco va a estar en mí. Tiene que ser muy duro denunciar a un hijo o a una hija. Y a un centro específico los jóvenes en situación de conflicto van por mandato judicial. De todas formas, ha cambiado mucho el tipo de chaval que está en un centro de esas características.

–¿En qué sentido?

–Pues que no se trata ya de un chaval que venga de una etnia determinada, o de un chico o una chica que tiene una familia desestructurada o una familia disfuncional. Estamos viendo ahora que a lo mejor están llegando chavales y chavalas cuyos padres y madres tienen un nivel económico y social medio-alto. Las cosas están cambiando. Y lo que veo es que como adultos algo estamos haciendo, o no haciendo, que no somos la mejor referencia para los jóvenes. Creo, incluso, que los adultos hemos perdido de vista que somos referencia para los que vienen detrás.

–¿En qué se traduce eso?

–Hablo en general del adulto: hemos llegado a adultos queriendo hacer muchas cosas a las que tenemos derecho, pero es que también se nos ha olvidado que tenemos a gente detrás, que tenemos otras obligaciones y tenemos que tener más cuidado en hacer lo que queremos hacer porque seguimos siendo referencia. Por eso me da cierto miedo Internet porque hay muchísimas referencias que no están controladas para los jóvenes.

–¿Cuándo se refiere a que los adultos estamos haciendo algo para no ser la mejor referencia quiere decir algo mal?

–Desde luego no del todo bien porque podemos no ser buen ejemplo, no somos una buena referencia. Chavales y chavalas conflictivos los ha habido toda la vida y los va a seguir habiendo y a ellos se lo decía cuando estaba en el centro específico de jóvenes: este límite que tú has pasado ni se nos hubiera ocurrido a mi hermano y a mí haberlo hecho, en mi familia ni me lo habría planteado. Sin embargo, esos y otros límites ahora sí se pasan. Protegemos mucho en muchas cosas y en otras somos muy permisivos. Me acuerdo de que cuando hacíamos un viaje en familia, cuando yo era pequeña, se madrugaba; ahora oyes a muchos, ‘Saldremos cuando se levante el niño’. Hemos perdido el norte en muchas cosas.

–¿Qué tiene de realidad esa máxima de que la juventud actual no sabe dónde va?

–A mí no me gusta generalizar. Hay juventud muy válida, también, superpotente, que aprovecha las oportunidades de preparación, bien es cierto que porque tienen esa posibilidad, puesto que también habría que hablar de desigualdades en todos los niveles. Siempre hay gente que, de alguna manera, se tira por el camino fácil, pero no es justo decir que la juventud no sabe dónde va.

–¿El sistema tiene los pies en el suelo como para atender a los jóvenes que en un momento tiran por el camino fácil?

–Creo que se podría mejorar. Todo el sistema de protección de la infancia y de menores infractores claro que se puede mejorar; sí que es verdad que hay un vacío ahí en el que veo que se podría poner más empeño en la prevención y no tanto en judicializar la conflictividad que existe. Es decir, ese paso previo para que no se judicialice: habría que trabajar más con las familias para dar más recursos, orientaciones y herramientas para que no se llegue a ese punto.

–Si le dejaran a usted aplicar ya mismo una medida que permitiera mejorar el acceso de esas familias a los recursos del sistema, ¿cuál elegiría?

–Lo primero, contratar a más profesionales, a equipos multidisciplinares, lo que es el conjunto del sistema de acción social. Los profesionales que están ahora están saturados porque hay muchas problemáticas. Y además de contratar a más profesionales para esos equipos, los dotaría de más recursos.

–¿El que pasara de trabajar en un centro de menores conflictivos a la animación sociocultural fue porque buscaba una vía de escape?

–No, no. Más que animación sociocultural en la educación social, para mí es desarrollo comunitario lo que hacemos en el Colectivo de Tierra de Campos. Soy una persona muy movida e inquieta; al final las rutinas me agobian mucho. Eso de poder estar en un pueblo de Segovia por la mañana y en uno de Valladolid por la tarde me gusta. Me gusta conocer a gente diferente, hacer actividades distintas… Me dieron la oportunidad de cambiar y lo hice.

–Pero, ¿lo suyo son las realidades duras? Salió de trabajar con chavales conflictivos a irse a un ambiente en el que la despoblación marca al medio.

–No lo entiendo tanto como realidades duras, sino posibilidades de cambio. Te tiene que gustar mucho esto y a mí me encanta. Me gusta mucho la realidad de los pueblos. Y claro que es una realidad dura, pero es que tenemos ahora mismo una idea del medio rural y de los pueblos como o muy romántica, es decir que es el sitio ideal para vivir, la tranquilidad, o muy desértica, la despoblación, la población cada vez es más mayor…

–Conviven muchas realidades en el medio rural ahora mismo.

–Está claro. No es lo mismo, por ejemplo, Tudela de Duero, con casi 9.000 habitantes y cerca de una gran capital, que Gatón de Campos, muy alejada de esta y con pocos vecinos.

–Ya, pero a los dos los llamamos pueblo. ¿Hay un error de concepto desde el inicio?

–Ese es el problema. Habría que mirar muchas cosas. A qué llamamos pueblo, en qué criterios nos basamos… ¿Población? ¿Con menos de 20.000 habitantes? Claro que hay muchas realidades.

–¿Y con cuál se queda usted?

–Con la imagen en la que se pueda vivir, que haya recursos y servicios. A lo mejor también hay que estructurar las cosas de otra manera porque, posiblemente en todos los sitios no va a poder haber un colegio, pero si hay colegio o médico en el pueblo de al lado habrá que facilitar el desplazamiento y reestructurar los servicios para facilitar el acceso a las personas que viven en los pueblos.

–¿Usted anima a vivir en los pueblos?

–Claramente.

–Vive usted en un pueblo?

–Sí, en Tudela de Duero. Para mí es un pueblo, grande, pero un pueblo. Pero la gente lo que tiene que tratar de hacer es vivir donde quiera y pueda hacerlo a gusto. Yo, hoy por hoy, prefiero vivir en un pueblo que en la ciudad.

–Con todo lo que lleva conocido y recorrido, con todas las experiencias que acumula por su profesión, ¿se ha detenido ya a pensar qué quiere ser de mayor?

–Una persona tranquila.

Acceso a la entrevista en formato pdf

Edición impresa / Edición digital

Muchas gracias a eduso.net por la publicación de esta entrevista. Reproduzco en mi blog, la publicación de la misma.

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Refugios…

Vuelvo a casa con el cansancio crecido en mi cuerpo. Hace días que no soy capaz de leer un libro, ni siquiera un pequeño texto. No logro conciliar el sueño porque me desvelo con facilidad. Mi sistema de valores se resquebraja, unas veces no entiendo nada y otras todo. En este devenir, me voy moviendo azarosa y torpe, donde mi pensar y sentir no encuentra sosiego. Les distancia una medida infinita como si fueran dos polos opuestos. El espacio que la habita está lleno de decisiones, dudas, preguntas, reflexiones, sentires, pareceres, decepciones y… ¡qué se yo, que más lleva dentro!. Lo urgente se enfrenta a lo importante. La pereza no oye a la excesiva burocracia. La razón, no entiende al protocolo. Mi historia de vida roza tangencialmente con la del adolescente que acompaño. La impotencia ante un caso crónico me llena de rabia.

Por fin me paro. Entonces sé que ha llegado el momento de refugiarme. Solo depende de mí hacerlo. Puedo dejar acompañarme por alguien, pero sin saberlo. No cuento nada, ando en el sigiloso silencio de mi secreto. Siento como el aire de repente perfila mi cuerpo, respiro, soy consciente.

Emprendo un viaje que me traiga de regreso. Cogiendo aliento yendo de refugio en refugio…

… Caminar por la montaña, conversar con mis amigas, ver el mar, leer un buen libro, ver una buena película en el cine, reír con mi sobrino, contemplar el mar, sentarme apoyada en el tronco de un árbol y contemplar desde la altura un paisaje, tu mano cogida de la mía, hacer una ruta con la bici, viajar, comer en familia, oír el silencio, escuchar las bandas sonoras de mi vida, escribir, mirarte…

En el fondo reconozco que todas las experiencias vividas están llenas de verdad y sabiduría, de aprendizajes nuevos.

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#CarnavalDeBlogs #Edusoday2019 #DiaES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie nos enseña dónde parar

Un año más colaboro gustosamente en la iniciativa del CEESC, Carnaval de Blogs, para celebrar nuestro día, el Día de la Educación Social.

El título que plantean este año es muy interesante, «¿Cómo ser Educador/a Social y no morir en el intento?». Esta pregunta incita a contestarla con varias respuestas que nos influyen como profesionales: precariedad en nuestras condiciones laborales, poco reconocimiento de las administraciones sobre nuestro perfil profesional, errores que cometemos en el desarrollo de nuestra profesión o dificultades que percibimos en nuestro día a día de ejercicio profesional…

Y es precisamente aquí donde me voy a situar para reflexionar en alto, sobre una de mis propias dificultades para ejercer esta profesión nuestra, tan intensa, tan a flor de piel.

Una de las herramientas de nuestro trabajo son las emociones, propias y ajenas. Y es aquí cuando se establece una mezcla intensa, en la que nuestras historias de vida a veces se difuminan entre las historias de vida de las personas que acompañamos. Hace tiempo que aprendí que la objetividad y lo «aséptico» no existen en nuestra profesión, (ni en la vida). Una no puede permanecer ajena a todo. Al mismo tiempo y poco a poco, voy comprendiendo que debo mantenerme en una distancia lo suficientemente sana, para que mi intervención sea lo más respetuosa y profesional posible. Nos mantenemos en una continua búsqueda de equilibrio que en sí mismo supone un trabajo. Trabajar desde la humildad, reconociendo nuestras limitaciones para tratar determinados temas que nos tocan de lleno, supone un aprendizaje vital de respeto y humildad que merecen todas las personas con las que trabajamos. A veces necesitamos separarnos para no contaminar nuestra intervención, para no juzgar, no malinterpretar o no prejuiciar.

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Echo en falta una asignatura dentro del Plan de Estudios del Grado en Educación Social que trate el tema del autocuidado. Cuidarnos es cuidarlos. Autoconocernos, supone entender nuestras experiencias vitales y su expresión en las relaciones que mantenemos con las personas que acompañamos.

Sería interesante que de vez en cuando supiéramos dónde parar, como estrategia de formación personal y profesional.

¡¡Feliz #Edusoday2018 #DiaES #thefinestjobintheworld!!

 

 

 

Los retos de la educación Social en tiempos de la globalización.

Sirva esta entrada para reflexionar sobre cómo siento la profesión. Si uno mis conocimientos teóricos con mi experiencia profesional, observo y llego a la conclusión de que en el momento actual que nos encontramos, quizá sea más difícil acompañar, intervenir y educar, que hace treinta años. Muchos indicadores me hacen pensar que la globalización tiene que ver con esta dificultad. Los condicionantes externos a la propia intervención educativa son muy numerosos y además ejercen hoy en día, una gran influencia en las personas con las que trabajamos.

En mi caso que trabajo con jóvenes infractores, muchas veces me pregunto si los talleres o actividades que con tanta ilusión preparamos mis compañeros y yo, tienen sentido para ellos. Y no deja de recorrerme por todo el cuerpo un escalofrío lleno de impotencia.

Mis chavales y chavalas dominan a la perfección las redes sociales y están enganchados a muchas de ellas. La información que les llega a través de estos medios resulta incontrolable. Pueden conectarse a miles de kilómetros con otros adolescentes para jugar on line, comentar los últimos capítulos de las series estrenadas en internet o compartir vídeos de youtubers. Toda esta amalgama de contenidos superficiales siento que les muestra una realidad engañosa, que les hace tender a una homogeneidad de criterio, perdiendo el suyo propio. Y a veces cuando estoy con ellos, les miro y no puedo evitar pensar si realmente los valores que queremos transmitirles son para ellos suficientes, incluso, llego a pensar si son creíbles.

Antes, no mucho antes, podemos seguir manteniendo la referencia de 30 años, los diferentes contextos como la familia, el barrio o la escuela contaban con una identidad y normativa propia, que les hacía convertirse en una comunidad educativa. De alguna manera, aunque fuera de forma implícita esto favorecía que los jóvenes respondieran a las intervenciones educativas de formas más genuinas.

Sin embargo ahora, nuestros jóvenes responden a multitud de estímulos y todos parecen quererles decir lo mismo. Mientras, yo sigo con mi debate interno y frustrante. Y continúo preguntándome, de qué me sirve a mí, organizar talleres de igualdad, cuando las canciones que escuchan no dejan de acompasar mensajes llenos de machismos con melodías machaconas. Cuando los y las protagonistas de las series que siguen son adolescentes perfectos, de miradas divinas y cuerpos esculpidos… Con qué margen de maniobra puedo aparecer un lunes por la tarde en el centro y trabajar con ellos la aceptación de su propio cuerpo. O simplemente llega el fin de semana, y la película elegida para ver tranquilamente en el sofá del Hogar, responde a secuencias del mito del amor romántico. Y no puedo evitar sentir un agotamiento generalizado…

Reconozco que compenso todas mis dudas y sinsabores con mañanas de conversaciones largas, en las que la dinámica del Hogar se vuelve más distendida. En algún momento siento que son ellos mismos y comprenden toda la realidad compleja en la que se ven inmersos. Este escenario de incertidumbre, despersonalización en un continuo movimiento vertiginoso lleno de acontecimientos políticos, económicos y sociales tan cambiantes… Provoca que viva a la intemperie expuestos a una sobre estimulación de información ingente, ofrecida desde distintos medios tecnológicos, sin un mínimo de control y soportando los mismos mensajes… Al final pienso que debe ser desalentador para ellos, les asusta, les da vértigo. Les resulta mucho más fácil sucumbir a la inmediatez de la comunicación, al comentario que se genera en cualquier parte del mundo y todos conocen, a la canción que todo adolescente accede a través del mismo botón de descarga y a la serie de internet que desde cualquier rincón del mundo se tuitea.

Dado este panorama tan universal, tan de lleno, tan directo, hace que me plantee que cada vez tengamos que ser más creativos y utilizar otras herramientas distintas para abordar estos retos. De hecho he pensado utilizar sus mismas herramientas (como las redes sociales) para demostrar a mis chavales un nuevo uso, otras posibilidades. Que puedan comprobar que se pueden utilizar desde el sentido contrario. El sentido que les fortalezca como individuos críticos, conscientes de la sociedad en la que viven, con capacidad plena para participar y transformar su comunidad desde la dignidad y responsabilidad.

Dejo de pensar en alto por un momento, me callo y leo unas palabras de Rosa Ludy Arias Campos con las que me siento identificada: “frente a la globalización no existe un consenso, sobre si uniforma a la humanidad, arrasa con las culturas locales, despersonaliza y somete el pensamiento. Lo que sí parece una apreciación común, es la que se refiere a la disminución de la facultad de los seres humanos, para obrar con criterios propios y de acuerdo a su voluntad, haciendo que la identidad, la subjetividad, y la capacidad de agenciar proyectos comunes se diluya y se pierda en la totalidad. En este campo, los objetivos de vida están mediatizados por lo que está de moda, se vende, se publicita, haciendo que la forma de estar en el mundo se preocupe más por los medios, que por los fines del desarrollo. Esta tendencia genera la trivialización del significado de vivir y convivir, la falseación de la autonomía, y la independencia”.

Espero a que lleguen las 15:30 h. para entrar en el centro y estar con los chavales con la misma ilusión de siempre.

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Anclajes para la Educación Social en un mar complejo e incierto.

Antonio y yo nos desvirtualizamos el año pasado, en el VII Congreso de Educación Social en Sevilla. Coincidimos en una de las mesas en las que se hablaba de la situación internacional de la Educación Social. La verdad que tenía mucha curiosidad por conocerle y me hizo mucha ilusión poder vernos. Ya nos seguíamos hace tiempo en tuiter, pero vernos en persona, sin avatares, fue emocionante. Cierto es que no pudimos hablar mucho, porque el ritmo vertiginoso del Congreso te llevaba de aquí a allá.  El pasado mes de febrero volvimos a coincidir en Barcelona en el Escrivint y ya para entonces, la idea que me había forjado de él se confirmó por completo. Antonio es una persona muy participativa e implicada con su comunidad. Me atrae mucho el discurso  reivindicativo que plasma en su blog Educació Transformadora que por cierto os recomiendo encarecidamente.

Por estas razones es un placer que escriba en mi modesto blog la entrada que podréis leer a continuación.

Gracias Antonio. 

 

«Anclajes para la Educación Social en un mar complejo e incierto».

Antonio Alcántara. Educador Social y Profesor Asociado UB i UdG. Responsable Formación Participación y Universidades al CEESC.

 

«La globalización es una marea de riquezas que supuestamente levanta todos los barcos;los transatlánticos y yates poderosos navegan bien, los barcos pequeños hacen agua, y las canoas se hunden». Informe del Programa para las Naciones Unidas para el desarrollo (1997).

Esta metáfora nos permite explicar cómo la globalización funciona con una lógica inclusiva para el mercado y a la vez excluyente para la mayoría de personas que no pueden acceder a lo que la publicidad no vende e incluso –en el peor de los casos- a derechos fundamentales. En un mundo globalizado todo está interconectado. Vemos las mismas noticias, las mismas canciones, la misma música en diferentes lugares del mundo. Se consumen los mismos productos.  La globalización es una teoría y es una realidad en la que vivimos donde el libre mercado y el máximo beneficio son los objetivos de las grandes economías. Estas no tienen en consideración las necesidades sociales, culturales o económicas y provocan que los grandes perjudicados sean las personas con situaciones más vulnerables.  Todo cambia a gran velocidad debido a fuerzas que no controlamos. Todo parece tener pies de fango.

La sociedad globalizada y neoliberal está marcada por rasgos como la incertidumbre, la complejidad y la imprevisibilidad. Son los elementos principales que definen el paso de la sociedad sólida a la sociedad líquida que nos plantea el sociólogo Zygmunt Bauman  (2007). Y personalmente me atrevería a añadir el concepto de precariedad.

La incertidumbre es una especie de niebla donde domina el caos, todo es imprevisible, fragmentado y no hay principios únicos que nos ayuden a decidir cuáles son las acciones correctas.En definitiva no hay ninguna realidad que podamos entender de manera unidimensional.Todo vive en la complejidad.Una sociedad postmoderna en continuo cambio, donde a la vez todo está vinculado y donde cualquier acción en un lugar provoca cambios imprevistos.

«Conocer y pensar no es llegar a un a verdad absolutamente cierta, sino que es dialogar con la incertidumbre». Morin (2000)

Algunos anclajes para la acción socioeducativa

Conceptos como empoderamiento pueden parecer ingenuos en el momento actual que vivimos. Pero no por ellos hemos de renunciar a construir propuestas que pongan a la persona en el centro de las relaciones y escapen a la lógica de la usura y el máximo beneficio económico. Hemos de buscar referencias y anclajes donde construir nuestra acción socioeducativa en un mar incierto.

Para autoras como Violeta Núñez (2005) la participación «es un Derecho de todo ser humano ser parte y tomar parte de la cultura plural de su época y de acceder a las reglas del juego social. Y para el sociólogo Bauman (2007) la educación debe permitir a la sociedad civil organizada poner en medio del espacio público el diálogo y sus derechos democráticos para controlar el futuro de su entorno y el suyo propio. Y Stéphane Hessel en el 2010, con su libro Indignez-vous!, quien exhortaba a los jóvenes a indignarse, porque el mundo va mal, gobernado por unos poderes financieros que lo acaparan todo.

El espacio público, la educación, la economía y los derechos sociales son elementos a través de los cuales poner en práctica valores que construyan relaciones, comunidad y transformación social. Corresponsabilidad, cooperación, apoyo mutuo, superación, escucha,… pueden ser elementos para construir realidades, pueden ser anclajes para navegar la acción socioeducativa.

Hay ejemplos claros. Movimientos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca -PAH han puesto encima de la mesa dos ideas muy fuertes. Las personas que se quedan sin casa no son fracasados, sino que están sufriendo las consecuencias del neoliberalismo; y las soluciones ante los problemas sociales deben ser colectivas. No individuales. Construidas de igual a igual compartiendo saberes. No de arriba abajo. Simplemente teniendo en cuenta la realidad del otro para construir soluciones de las que todos formamos parte. Si a los movimientos sociales les funciona, las profesionales también podemos poner estas miradas en práctica.

 Necesitamos crear una posición ante los dilemas éticos que nos encontramos diariamente. Una manera de construir las propuestas socioeducativas y decidir cuál es la más adecuada en un marco de valores que forma parte de una sociedad que cambia a gran velocidad. Para ellos necesitamos anclajes, faros que nos guíen en la navegación. Estos motivos -y muchos más que seguro me dejo- hacen que desde la Educación Social nos interroguemos alrededor de preguntas como las siguientes:

  • ¿Cuáles son los criterios adecuados para que las personas puedan construir un proyecto de vida en un mundo cambiante, complejo y contradictorio?
  • ¿Cómo abordar una práctica emancipadora en el contexto de globalización y neoliberalismo?
  • ¿Ante qué formas de vínculo social nos encontramos?
  • ¿Cómo construir escenarios para la inclusión social en un contexto de fractura social galopante?
  • ¿Qué herramientas están cargadas de valores para generar vínculo social?

«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar«. Eduardo Galeano  (2003).

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«Foto de Ben Harritt en Unsplash».

Obras consultadas

  • Bauman, Zygmunt. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Barcelona: Gedisa. Colección Pedagogía Social. 2007
  • Nuñez, Violeta. Participación y Educación Social. Montevideo: XVI Congreso Mundial de Educación Social. 2005
  • Arendt, Hannah. Entre el pasado y el futuro. Madrid: Ed Península. 2003
  • Galeano, Eduardo. Las palabras andantes. Madrid: Ed SIGLO XXI. 2003
  • Hessel, Stephane. Indignez-vous!. Paris. Editorial Indigene. 2011
  • López-Noguero, Fernando. i Pérez, Gloria. La educación social del S.XXI. Un esfuerzo de aclaración. Sevilla: I Congreso Virtual Internacional sobre innovación pedagógica y Praxis educativa. Innovagogia. 2012
  • Morin, Edgard. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Barcelona: Paidós. 2011
  • PNUD. Informe sobre el desarrollo humano. Ediciones Mundi-Prensa. Madrid. 1997

 

Todo lo que se comparte, se intercambia y supone una forma de aprender estupenda. Me siento muy cómoda leyendo las opiniones de colegas, sobre cómo sienten, viven o entienden nuestra profesión. Por esta razón participo siempre en esta iniciativa del Colegio de Educadores y Educadoras Sociales Catalán. Me ha parecido una gran idea intercambiar nuestras publicaciones en otros blogs.  Gracias por provocarnos todos los años el día 2 de octubre. No encuentro mejor fecha para compartir el aroma de nuestra profesión, con un montón de colegas. Muchas gracias por contar conmigo un año más para celebrar el #DiaES #Edusoday2017 .

¡Seguimos escribiendo la Educación Social!

Carmen.

“EL SILENCIO TAMBIÉN EDUCA”

El silencio es reparador.

A veces las palabras ensordecen y, es mejor que guarde silencio, pero a tu lado.

A veces las palabras, no me dejan escucharte, por eso me callo y sigo a tu lado.

A veces las palabras, no liberan todo lo que quieres gritar, por eso te dejo llorar.

Te miro, y siento que debo guardar silencio y no pronunciar ninguna palabra, por muy precisa que sea, ni darte el consejo perfecto.

El silencio que educa, ocupa un espacio. Un espacio repleto de compañía, de apoyo, de gratitud, de incondicionalidad, de estar, de calma, de no sé qué pasará, pero ahora estoy aquí, a tu lado.

El silencio que educa, abraza, arropa, acoge. Ata fuerte toda la rabia, la desdicha, la impotencia, el dolor, el miedo… que puedes sentir en ese momento.

El silencio que educa es valiente, porque es capaz de mirarte a los ojos y sobrevivir a la incertidumbre de mis soluciones estériles.

Por eso, cuando solo utilizo las palabras para preguntarte si quieres que me vaya, me contestas con el eco de mi silencio.

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La intervención educativa con adolescentes está llena de momentos y situaciones en las que las palabras que podamos pronunciar cualquier educador y educadora carecen de total sentido y significado. El espacio que ocupa nuestro silencio y acompañamiento, lo dicen todo.

 

Dedico esta entrada a Alfonso quien la inspiró sin saberlo. También a todos los chavales y chavalas con los que he compartido y seguiré compartiendo, espacios de silencio.

La Educación Social: un guiño desde lo pequeño y cotidiano.

Perdonadme compañeros y compañeras educadores y educadoras sociales si esta entrada os resulta muy reduccionista. Últimamente me encuentro algo cansada, no por mis ya 21 años en esto de la Educación Social, ni mucho menos, sino porque ya no encuentro tan útil filosofar sobre lo humano y lo divino de nuestra profesión (por favor, que no se me entienda mal, no digo que no sea necesario, sino que para mí no es el momento). Siento que nos miramos en exceso al ombligo y que en parte olvidamos a los que no son los actores secundarios precisamente, sino los verdaderos protagonistas; las personas que acompañamos día a día. Acompañar, es una palabra que me encanta y de la que se habló en el Congreso de Sevilla. Por eso, he decidido no hace mucho y seguramente que de forma temporal, es algo que no puedo precisar en estos momentos… Filosofar menos y actuar más. Supongo que esta decisión es una más, que vamos tomando a lo largo de nuestro devenir y evolución profesional-personal. Pero puedo aseguraros que el único refugio que encuentro cómodo y válido para dar sentido a mi práctica profesional, reside en lo pequeño de mi trabajo, en lo cotidiano, en la relación que establezco con los chavales y chavalas que como os decía acompaño en el cumplimiento de sus medidas judiciales. Dedico todos mis esfuerzos a crear un vínculo lo suficientemente fuerte y respetuoso para serles creíble y generarles oportunidades. Todo mi empeño se centra en hacerles ver que todas las personas nos merecemos que se nos trate con dignidad en todos los niveles, personal, económico y comunitario.

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Gracias un año más al colegio catalán por contar conmigo para el Carnaval de blogs de este año.

Enlace

“La Educación Social en la esfera pública. El reconocimiento social de la profesión”

Entre esta situación,

«-Perdone, ¿es la cuidadora del muchacho?»

-No, soy su educadora social.

Y esta otra…

-¿Cuál es su profesión?

– Educadora Social

-¡Qué bonito, mi hermano también es educador social!

… No hay tanto espacio de tiempo. Tan solo unos meses de diferencia y, las dos me han sucedido este año, pero las dos situaciones ejemplifican muy bien la finalidad última de esta entrada; la Educación Social actualmente no parte de cero. Existe bastante camino trazado, pero todavía nos queda por avanzar.

     La primera, tuvo lugar en mi horario de trabajo, acompañando a un menor al servicio de urgencias de un hospital. Una vez allí, la recepcionista se mostró educada, pero con un total desconocimiento de nuestra profesión. Sin embargo, cuando facilité mis datos personales en una entidad bancaria -situación segunda-, me sorprendió agradablemente la respuesta y la expresión de la persona que me atendió.

     En el momento que me siento a escribir esta entrada, dejo caer la mirada por la ventana y me hago por un momento consciente que el año que viene habrán pasado 20 años… ¡¡Bufff, casi nada!!. Fue en 1996, cuando finalicé mis estudios de diplomatura en Educación Social. Afortunadamente, siempre he podido trabajar dentro de algunos de los diferentes ámbitos de la Educación Social. Paralelamente a mi desarrollo profesional he ido observando cómo el reconocimiento de nuestra profesión ha ido cobrando más relevancia. No hay que engañarse, este proceso ha sido lento y costoso, realmente debería hablar en presente, porque todavía siento que es un proceso en construcción. Quizá serán necesarios 20 años más, para pensar que el proceso acabará algún día, no lo sé. Solo puedo deciros, que hay muchos indicadores, muchas señales que cada vez permiten a la Educación Social estar más viva.

     Hoy en día, las universidades nos abren las puertas a los profesionales, para que ilustremos con nuestra humilde y joven experiencia (recordad, solo 20 años), algunas clases, incluso ya existen profesores universitarios que son Educadores Sociales. Los profesionales de la Educación Social, podemos firmar las prácticas como tutores del primerizo alumnado de Grado. Todas las comunidades autónomas tienen su propio colegio profesional de Educadores Sociales –excepto Ceuta y Melilla y, Cantabria en breve-. Contamos con Educadores Sociales que escriben blogs, libros, artículos… etc. sobre nuestra profesión, cómo la viven, cómo la sienten, con una sensibilidad, cariño y respeto exquisito hacia nuestra praxis. Ya existen científicos de la Educación Social que publican artículos rigurosos y son también Educadores Sociales. Las redes sociales están inundadas de muchos de nosotros, que poco a poco vamos tejiendo un mapa de conexiones, de fuerzas, de ilusión cada vez más tupido. De lucha y reivindicación también, de acuerdo, ¡por supuesto!.

     Como os decía antes, nos encontramos en un proceso en construcción. En la comunidad en la que vivo Castilla y León, las administraciones públicas no dan visibilidad a la Educación Social ni a los Educadores Sociales. Ya ni os cuento los medios de comunicación… para leer publicada una noticia sobre nosotros o nuestra profesión hay que buscar debajo de las piedras. Las hemerotecas están vacías de Educación Social. Esto me indigna, me harta, me llena de rabia, de impotencia…

     Pero hoy, precisamente hoy, 2 de octubre, Día Internacional de la Educación Social, cuando estoy en plena celebración con mis colegas de nuestro #diaES y #EdusoDay2015, me siento fuerte y animada, con ganas de seguir el camino. Y hoy mejor que nunca para reivindicar que nuestra profesión no es de paso, que no se puede ocupar por otros profesionales “hasta que encuentren de lo suyo”. ¡¡Somos EDUCADORES SOCIALES y no nos vamos a cansar de repetirlo, en voz alta, a gritos, de forma clara!!

Quiero agradecer al Colegio de educadores y educadoras sociales de Cataluña, su invitación para participar un años más en este Carnaval de Blogs, que este año quiere celebrar el Día Internacional de la Educación Social, #diaES #EdusoDay2015, bajo el tema, «La Educación Social en la esfera pública. El reconocimiento social de la profesión».

Puedes encontrar la recopilación de todos los blogs participantes en este enlace: 

 http://ceesc.blogspot.com.es/2015/10/carnaval-de-blogs-2015.HTML

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Infancias…

Me prometiste tantas veces que volverías pronto, que fui capaz de inventarte y criarme con ese dibujo pintado por mí misma. Te pinté alegre y sonriente, feliz y juguetón y lleno de abrazos y besos con los que me despertabas cada mañana y sujetabas un cuento por las noches.

Recogía todos tus besos y caricias como una parte más de mi mismo. Conseguí entonces esbozar los límites de mi cuerpo dentro de un mundo que me resultó entendible, porque tú me ayudaste a sentir que tenía un sitio.

Odié con rencor todo lo que parecía feliz, nada de eso estaba hecho para mí, me lo enseñasteis, gracias a vuestros gritos y golpes que laceraban mi piel. La piel tiene memoria y graba de forma profunda las heridas que no acaban de cicatrizar nunca.

Me hice mayor esperando que algún día llegaría a conocerte. Envidiaba a mis amigos porque conocían a su padre y jugaban con él. En cambio yo, me obsesionaba poniéndote caras, gestos y sonidos. -¿me pareceré a ti?- pensaba. Y todas mis dudas se llenaban de secretos que nadie me ayudaba a descifrar. Me sentía culpable de algo que no lograba comprender, que no cabía en mi mente de chiquillo, ni tampoco ahora en la de adulto.

Me enseñaste que mi madre no era la mejor, a pesar de que sentía que me quería con locura, pero me utilizaste en tu beneficio. En vez de quererme como hacía ella, te dedicaste a malmeterme, a confundirme a hacerme pensar que nosotros éramos más especiales que ella y yo. Te equivocaste terriblemente, no sabes hasta qué punto, pero ahora siento que es tarde.

                Sobreviví a la edad adulta negando mis emociones por vergüenza propia. Sintiendo que era culpable de todo. LLorando por nada a escondidas.

A veces nuestro trabajo como educadores sociales que acompañan a adolescentes en conflicto con la justicia, nos permite comprender sus vidas y entender lo valiosa que puede llegar a ser una infancia sana. Con estas estrofas, he querido reflejar cómo la etapa infantil marcará para bien o mal, más o menos, la vida de adulto.

“EL EDUCADOR SOCIAL, ¿NACE O SE HACE?”

INGREDIENTES:

  • Una pizca de paciencia.
  • 1⁄2 kg. de humildad y respeto.
  • 750 gr. de espíritu crítico.
  • 1 kg. de habilidades interpersonales; escucha activa, capacidad empática, comunicación asertiva, reconocimiento y respeto a la diversidad. Siempre puedes añadir cualquier otra que te permita relacionarte positivamente con otras personas.
  • Unas pequeñas dosis de realidad.

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PROCEDIMIENTO:

Debes mezclar todos los ingredientes poco a poco, sin prisa, de uno en uno y sofreír a fuego lento. Es importante que añadas en la medida que necesites todos tus conocimientos aprendidos en la universidad, así como otros que hayas podido leer en tu bibliografía particular. Todos estos saberes te permitirán junto a los ingredientes sentirte más seguro o segura. Para finalizar, no olvides añadir a la mezcla una cucharada de compromiso ético, lo suficiente para asumir el código deontológico.

IMPORTANTE:

Recuerda que un o una educadora social, es un profesional puntual en la vida de las personas, solo somos un plato, un postre o un aperitivo. Solo acompañamos en algún momento de la vida de las personas, para luego desaparecer.

¡¡Buen provecho!!

Ningún conocimiento teórico por muy magistral que sea, te garantiza ser un buen profesional, sea cual sea tu campo de trabajo. “De la teoría no ejerce solo el hombre”, podría decirse. Por otro lado, llega un momento que tu gran bagaje de experiencia profesional no es suficiente y, necesitas poner nombre a aquello que llevas haciendo durante años.

¿Un educador o educadora social, nace o se hace?

En una primera reflexión, contestar a esta pregunta resulta fácil y obvio. Un educador social trabaja desde, con y para las personas. Desde esta perspectiva, que sea una profesión vocacional da mucho caché. Pero si se analiza con mayor profundidad, llegas a la conclusión, de que precisamente por eso, porque se trabaja con personas, no podemos improvisar, no podemos actuar solo como buenas personas a las que nos gusta ayudar, porque muchas veces ayudamos mal, pensando que somos los arregladores de la vida de la gente. Se necesita algo más que buenas habilidades comunicativas y capacidad empática. Se necesita controlar técnicas de intervención, diseñar procesos, saber retroceder en un procedimiento para valorar los errores y comenzar de nuevo. Porque un educador o educadora social no es un héroe o una heroína, es un profesional. Desde luego, que el que ya posea unas habilidades en su personalidad tiene mucho ganado, pero no lo es todo.

Si os digo la verdad, yo me he sentido educadora social, después de unos cuantos años, cuando toda la teoría recibida o leída la pude poner en práctica y cuando todas mis habilidades se iban perfilando gracias a mi experiencia.

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