INGREDIENTES:

  • Una pizca de paciencia.
  • 1⁄2 kg. de humildad y respeto.
  • 750 gr. de espíritu crítico.
  • 1 kg. de habilidades interpersonales; escucha activa, capacidad empática, comunicación asertiva, reconocimiento y respeto a la diversidad. Siempre puedes añadir cualquier otra que te permita relacionarte positivamente con otras personas.
  • Unas pequeñas dosis de realidad.

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PROCEDIMIENTO:

Debes mezclar todos los ingredientes poco a poco, sin prisa, de uno en uno y sofreír a fuego lento. Es importante que añadas en la medida que necesites todos tus conocimientos aprendidos en la universidad, así como otros que hayas podido leer en tu bibliografía particular. Todos estos saberes te permitirán junto a los ingredientes sentirte más seguro o segura. Para finalizar, no olvides añadir a la mezcla una cucharada de compromiso ético, lo suficiente para asumir el código deontológico.

IMPORTANTE:

Recuerda que un o una educadora social, es un profesional puntual en la vida de las personas, solo somos un plato, un postre o un aperitivo. Solo acompañamos en algún momento de la vida de las personas, para luego desaparecer.

¡¡Buen provecho!!

Ningún conocimiento teórico por muy magistral que sea, te garantiza ser un buen profesional, sea cual sea tu campo de trabajo. “De la teoría no ejerce solo el hombre”, podría decirse. Por otro lado, llega un momento que tu gran bagaje de experiencia profesional no es suficiente y, necesitas poner nombre a aquello que llevas haciendo durante años.

¿Un educador o educadora social, nace o se hace?

En una primera reflexión, contestar a esta pregunta resulta fácil y obvio. Un educador social trabaja desde, con y para las personas. Desde esta perspectiva, que sea una profesión vocacional da mucho caché. Pero si se analiza con mayor profundidad, llegas a la conclusión, de que precisamente por eso, porque se trabaja con personas, no podemos improvisar, no podemos actuar solo como buenas personas a las que nos gusta ayudar, porque muchas veces ayudamos mal, pensando que somos los arregladores de la vida de la gente. Se necesita algo más que buenas habilidades comunicativas y capacidad empática. Se necesita controlar técnicas de intervención, diseñar procesos, saber retroceder en un procedimiento para valorar los errores y comenzar de nuevo. Porque un educador o educadora social no es un héroe o una heroína, es un profesional. Desde luego, que el que ya posea unas habilidades en su personalidad tiene mucho ganado, pero no lo es todo.

Si os digo la verdad, yo me he sentido educadora social, después de unos cuantos años, cuando toda la teoría recibida o leída la pude poner en práctica y cuando todas mis habilidades se iban perfilando gracias a mi experiencia.

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