Perdonadme compañeros y compañeras educadores y educadoras sociales si esta entrada os resulta muy reduccionista. Últimamente me encuentro algo cansada, no por mis ya 21 años en esto de la Educación Social, ni mucho menos, sino porque ya no encuentro tan útil filosofar sobre lo humano y lo divino de nuestra profesión (por favor, que no se me entienda mal, no digo que no sea necesario, sino que para mí no es el momento). Siento que nos miramos en exceso al ombligo y que en parte olvidamos a los que no son los actores secundarios precisamente, sino los verdaderos protagonistas; las personas que acompañamos día a día. Acompañar, es una palabra que me encanta y de la que se habló en el Congreso de Sevilla. Por eso, he decidido no hace mucho y seguramente que de forma temporal, es algo que no puedo precisar en estos momentos… Filosofar menos y actuar más. Supongo que esta decisión es una más, que vamos tomando a lo largo de nuestro devenir y evolución profesional-personal. Pero puedo aseguraros que el único refugio que encuentro cómodo y válido para dar sentido a mi práctica profesional, reside en lo pequeño de mi trabajo, en lo cotidiano, en la relación que establezco con los chavales y chavalas que como os decía acompaño en el cumplimiento de sus medidas judiciales. Dedico todos mis esfuerzos a crear un vínculo lo suficientemente fuerte y respetuoso para serles creíble y generarles oportunidades. Todo mi empeño se centra en hacerles ver que todas las personas nos merecemos que se nos trate con dignidad en todos los niveles, personal, económico y comunitario.

carnavaldeblogs_cast

Gracias un año más al colegio catalán por contar conmigo para el Carnaval de blogs de este año.

Anuncios